Opinion

La Constitución moral de AMLO

Dícese que Moisés fue el elegido para llevar diez mandamientos de dios para la humanidad, a manera de ley suprema; AMLO parafrasea y con un pensamiento mágico trae aquel decálogo al México violento y corrupto, para rescatarlo de la perdición.

Lo hizo en Morena con un decálogo de principios; también presentó un decálogo contra la inseguridad y otro para la reforma educativa. Y quiere más, quiere convertir su decálogo en una Constitución, una Constitución moral, lo dijo en campaña y lo repitió hace unos días.

Anticipa que invitará a filósofos, psicólogos, sociólogos, antropólogos, a ancianos de comunidades indígenas, poetas y a líderes religiosos, para concretarla.  Concibe esa Constitución como la solución para acabar con la corrupción, como si el problema fuese moral y no una infracción a la ley.

Usa las escalinatas de su casa de campaña como púlpito; en la acera adyacente, sus simpatizantes han montado un altar con veladoras para pedir que la divinidad lo proteja; no recuerdo haber visto antes una situación similar.

No dirimo aquí la diferencia de lo moral o la ética como valores, sino lo que López Obrador concibe como los valores que deben estar en una nueva Constitución.  Le hemos oído ocurrencias, pero ésta es harto peligrosa por muchas razones.

1.- Es necesario recordar que la corrupción es una infracción a la ley y como tal debe castigarse.  López Obrador pretende acabar la corrupción desde una categoría moral; como buen religioso señala que no sólo se busque bienestar material, sino también el bienestar del alma, fortalecer valores morales, culturales, espirituales, sentar las bases para una convivencia sustentada en el amor. Por el bien de la República debemos leer nuevamente a Lerdo de Tejada, Prieto, Altamirano, Ramírez, autores de las leyes de reforma del siglo XIX.

2.- El artículo 40 de la Constitución comienza estableciendo que es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal. La laicidad es un elemento fundamental que no debe trastocarse ni siquiera por el Presidente.

3.- Su propuesta de cuarta transformación del país no sigue la línea independentista, liberal y revolucionaria, de los tres grandes movimientos de 1810, 1857 y 1910. Este nuevo gobierno esta obligado como autoridad a conducirse  y  rendir cuentas conforme a los valores de universalidad, interdependencia, invisibilidad y progresividad de los derechos humanos inscritos en el artículo 1 constitucional, pues estos son los valores fundamentales.

4.- La corrupción y la impunidad prevalecen porque las leyes de las que nos hemos dotado no se aplican; no hay una rendición de cuentas y permanecen inconclusos sistemas como el Nacional contra la Corrupción, que debieran terminar con los pactos de corrupción e impunidad.

5.- Hay que hacer énfasis en la separación del Estado y las iglesias, en coexistencia, por eso en este país hay laicidad y la libertad de practicar o no un culto. López Obrador se aprovecha de la idiosincrasia de una sociedad que conserva profundas raíces religiosas y se proyecta como su guía espiritual, pero el presidente de la República no es un ministro religioso, ni siquiera debe parecerlo, su obligación es cumplir y hacer cumplir la Constitución Política y las leyes que de ella emanan.

Proponer una constitución moral es un despropósito y evidente antítesis juarista.

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